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Entre la condena exprés formulada desde Hollywood para el algoritmo global y la autocomplacencia patriotera que busca refugio en nuestras banderas históricas, la polémica desatada por el actor estadounidense vuelve a obturar el debate de fondo. Por qué la crítica importada y la respuesta criolla se alimentan de la misma superficialidad, y de qué manera esta trampa nos impide abordar la densidad y las deudas reales del racismo en nuestro propio territorio.

Por l0100392