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El 4 de julio de 1976, la dictadura asesinó a tres sacerdotes y a dos seminaristas. A los pocos días, la embajada norteamericana sabía quiénes habían sido los autores, y la Iglesia tenía fundadas sospechas. Medio siglo después, sigue el reclamo para esclarecer el hecho y juzgar a sus responsables.

Por l0100392