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“La receta del FMI de crecer con exportaciones de bajo valor agregado es una trampa”

Uno de los académicos más destacados de la Teoría Monetaria Moderna describe las trampas del modelo económico tradicional.

En una movida inédita que parece sacada de la mente de Jonathan Swift, el viernes un grupo de senadores republicanos emitieron una resolución para condenar la Teoría Monetaria Moderna como “un peligro evidente para la economía de los Estados Unidos”.

Esta expresión demuestra un hecho ineludible: la Teoría Monetaria Moderna vive un momento histórico en la economía más grande del planeta. Gracias al impulso que personajes como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez le han inyectado, esta teoría heterodoxa nos fuerza a una conversación muy necesaria. Está sacando de las aulas el debate de la desigualdad económica y lo está llevando a las primeras planas de los diarios.

Fadhel Kaboub es economista, presidente del Instituto Global para la Prosperidad Sustentable y profesor asociado de economía en la Denison University. Es también uno de los académicos más destacados del mundo en lo que respecta al estudio de la desigualdad y la Teoría Monetaria Moderna.

Desde el lanzamiento del Green New Deal de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) y el senador Ed Markey, la Teoría Monetaria Moderna ha cobrado un protagonismo inédito. ¿Cómo fue este proceso para ustedes, los impulsores de este marco teórico desde la academia?

Hay mucha cobertura, pero muchas malas interpretaciones sobre lo que es la Teoría Monetaria Moderna. Andrés Bernal, uno de nuestros amigos de la TMM, es amigo personal de AOC de la juventud. Cuando Trump ganó en 2016, todo el mundo estaba tratando de pensar cómo hacer del mundo un mejor lugar. Fue cuando AOC decidió buscar un lugar en el Congreso. Andrés formaba parte de su equipo y ya en esa época estaba empezando a aprender la TMM. Entre más aprendía, más se convencía de que este era un marco transformador para el país.

¿Qué opinas de lo que incluye el Green New Deal?

Creo que es una resolución. No es una ley ni un acta. Es una invitación al país para pensar diferente. Traer esta discusión a la mesa de qué componentes puede traer el GND, cómo transformar esto. Es una pieza masiva y ambiciosa que requiere no sólo una implementación de arriba para abajo desde el Congreso, sino que involucra restaurar la participación democrática.

La resolución invita a la gente a reunirse en juntas locales, que es lo que estamos haciendo por todo el país. Juntas con gente joven, con organizadores comunitarios, pensando en qué necesitamos como comunidad, qué necesitamos como país, cuáles son los grandes desafíos, y cómo podemos traer el GND para enfrentar estos problemas.

¿Qué prioridades existen en las comunidades donde esta conversación está ocurriendo?

Es interesante. Yo vivo en Ohio, cerca de Columbus, pero más cerca de una zona rural conocida como Newark. Es un pueblo pequeño de unas 50 mil personas que solía ser una ciudad pujante durante el boom industrial de EU, hasta los años 60. Con el declive que inicio en los 80 y 90 se convirtió en pueblo típico del cinturón de óxido.

Este era el núcleo de la infraestructura manufacturera de los Estados Unidos. Todos esos empleos desaparecieron, y dejaron comunidades en problemas. La mayoría de las comunidades como ésta identificaron cuatro grandes temas que querían que mis estudiantes estudiaran con ellos. Uno de los temas es abuso de sustancias y recuperación, el segundo es la vivienda, el tercero son los problemas ambientales, y el cuarto es la reforma al sistema de justicia penal.

¿Cómo entra la TMM en esta conversación?

Empezamos hablando del Green New Deal desde la perspectiva macroeconómica nacional. La audiencia quedó convencida de que sí, podemos costearlo, puede hacerse desde el Gobierno Federal. Pero identificamos que el diablo está en los detalles, en el nivel local. ¿Cómo hacerlo desde el nivel local? Uno de los elementos clave de esta conversación fue que no es suficiente que el Gobierno ofrezca un empleo decente con un salario decente y entrenamiento. Es un gran inicio, pero si estoy luchando con un tema de adicción o de salud, no voy a poder retener ese trabajo. La visión del GND es ofrecer trabajos decentes con beneficios, pero además ampliar el concepto de esos beneficios para incluir entrenamiento pagado in situ, mentorías, servicios de salud, en especial de salud mental, y reconstruir el tejido social que hace que alguien triunfe en su empleo y su comunidad.

También hay temor de que, incluso si los costos de esto se le graba a las corporaciones, al final las clases medias van a pagar a través de mayores precios o de pérdida de empleo. Es una preocupación genuina, pero lo que hace la TMM es explicar que ese no es necesariamente el caso. Es muy liberador cuando la gente ve que toda esta esperanza en el GND no sólo es esperanza, sino que es costeable y que no va a significar mayores impuestos. Ahí es cuando la gente realmente se entusiasma con el potencial. Eso queremos, traer a la gente a la mesa para discutir los problemas locales y cómo resolverlos.

Una vez que la gente entiende que el Gobierno no necesita impuestos para gastar, se pregunta: ¿por qué nos cobran impuestos? Nosotros queremos fiscalizar a los ricos para proteger la democracia de los oligarcas y reducir su poder económico.

¿Cuál es la discusión alrededor de los impuestos desde el punto de vista de la TMM?

La cosa más poderosa que resulta de estas conversaciones con la gente tiene que ver con el tema fiscal y su propósito. Una vez que la gente entiende que el Gobierno Federal no necesita impuestos para gastar, se preguntan ¿bueno entonces por qué el gobierno nos cobra impuestos? Ahora, nosotros queremos fiscalizar a los ricos, de manera masiva, no porque necesitemos su dinero para financiar el GND, sino porque queremos proteger la democracia de los oligarcas y reducir su poder económico. Por cierto, en cierta medida este poder concentrado impulsa la inflación, porque ellos controlan el mecanismo de precios. Por eso queremos cobrarles impuestos [a los ricos], no porque necesitemos su dinero. Queremos fiscalizar a los contaminadores, a los especuladores, y otros, para taclear esos problemas de la sociedad. A veces en los medios aseguran que la TMM es pro-ricos porque aseguramos que el Gobierno no necesita cobrar impuestos. Esto es un sinsentido. Claro que queremos cobrar impuestos, porque una de las cosas que hacen los impuestos es retirar parte del poder de compra, y es una forma de lidiar con la inflación.

Suena como un mensaje difícil de vender en un país como los EU, donde la acumulación de riqueza es casi un principio. ¿Cómo están recibiendo este mensaje en las clases medias? ¿Crees que tengan un problema para colocar la TMM?

No creo que el problema sea el mensaje. En todos los espacios donde hemos introducido esta idea la gente sale muy inspirada y entusiasmada. Los únicos que rechazan el concepto son aquellos que están muy comprometidos con la idea de que los impuestos financian el gasto público.

Una de las cosas que dejamos muy en claro es la diferencia entre las finanzas del Gobierno Federal con las de los municipios y estados. Dejando eso en claro, creo que no vas a encontrar una masa crítica de gente que se oponga a este concepto. En las reuniones la gente hace las preguntas correctas y muestran escepticismo, como debe de ser, pero una vez que respondes sus dudas ellos mismos reconocen que los fondos de la escuela local vienen de impuestos locales, y la infraestructura local, la policía, los bomberos, etc.

¿Por qué crees que los economistas de corte ortodoxo no se suben al tren de la TMM?

Para los economistas es un problema de entrenamiento. La teoría monetaria, el mismo concepto del dinero, fue introducido en libros de textos de la siguiente manera: Primero existía el sistema del trueque, no había dinero, pero al crecer la economía el sistema se hizo poco conveniente. La historia oficial cuenta que el mercado inventó el dinero para eliminar el inconveniente del trueque, y entonces los Gobiernos tomaron control del sistema y siguieron los mismos principios que todos los demás en el mercado siguen: generas una ganancia, luego la gastas, o bien, pides prestado y luego tienes que pagarlo. Percibimos entonces al gobierno a través de ese marco teórico, que es el marco dominante en la profesión económica, de la misma manera que percibimos las finanzas personales.

¿Y cuál es la postura de la TMM en este respecto?

Comenzamos a cuestionarnos de dónde salió esta narrativa. ¿Existe alguna evidencia histórica, arqueológica, para probar que así fue como el dinero entró a la sociedad? Paul Samuelson, quien escribió el texto estándar de la economía a lo largo de generaciones, fue quien introdujo esa historia y la hizo parte del mito fundacional de la teoría monetaria. Cuando alguien le preguntó del asunto él fue muy honesto. Dijo: “No lo sé, simplemente lo inventé”.

Resulta que cuando ves la evidencia histórica y antropológica -quienes investigaron los orígenes del dinero- encontraron docenas y docenas de casos de evidencia de cómo fue introducido el dinero a la sociedad durante cientos de miles de años. Ninguna de esas historias confirmó la narrativa de libro de texto económico. Todas confirmaban la narrativa de la TMM: en toda sociedad hay un grupo de personas poderosas -llamémoslas Gobierno- que usó la coerción para forzar al resto de la sociedad a pagar impuestos. Escogieron esta cosa física para que la gente pagara impuestos, y ellos tenían el monopolio. Nadie más podía crear esta cosa ni hacerla circular.

En la TMM definimos al dinero como esa cosa que es necesaria para pagar impuestos. Entonces cuando las autoridades políticas pierden su poder, el dinero también lo pierde. Es así como entramos en el círculo vicioso de austeridad forzada.

¿Cómo funcionaba?

La secuencia de eventos es que primero estas figuras del poder político gastaban ese dinero para hacerlo existir, pagaban a la gente con él, y luego permitían que la población pagara impuestos y multas a las autoridades en ese mismo objeto físico, convirtiéndolo así en dinero. Por eso en la TMM definimos el dinero como esa cosa que es necesaria para pagar impuestos. Es por eso también que en cuanto las autoridades políticas pierden su poder, ese objeto [el dinero] también pierde su poder. Es así como entramos en el círculo vicioso de austeridad forzada. Excepto, claro, en lo que respecta a financiar guerras masivas, o cualquier cosa que el Gobierno decida que es prioritario. Nos damos cuenta de que en la práctica el Gobierno sí inventa dinero y no está preocupado por la recaudación fiscal.

¿Hay algún ejemplo que puedas citar?

En el marco del GND enfatizamos el caso de la Segunda Guerra Mundial, porque es una situación muy similar al caso del cambio climático. Se trató de una crisis global masiva que puso todo el sistema mundial en riesgo. Lo interesante es que ocurrió justo después de la Gran Depresión, el momento económico más miserable en la historia de EU. El país estaba quebrado, el sector privado estaba quebrado, así que no había de donde recaudar para financiar el esfuerzo bélico, ni nadie a quien pedirle prestado. Es un ejemplo donde puedes ver con claridad que no hubo recaudación ni endeudamiento antes de la guerra. La guerra fue declarada y se empezó a gastar de manera masiva para financiarla, y eso puso dinero en las manos de la clase obrera que estaba construyendo los aviones y tanques. ¿Normalmente qué hace la gente con sus ingresos? Van y compran un auto, una casa, van a entretenerse. Lo gastan. Eso debió provocar una inflación muy seria, y aquí es donde entra la recaudación fiscal.

La recaudación fiscal llegó durante y después de la guerra. Lo que hicieron fue vender bonos de deuda -entre comillas- a los mismos trabajadores que estaban acumulando dinero en efectivo. Fue una forma en la que Gobierno le pidió a la población posponer el consumo hasta después de la guerra. “Salva tu dinero, te vamos a pagar con intereses. En diez años tendrás tu dinero”. Así controlaron la inflación, junto con otros mecanismos como controlar y racionar.

Una crisis global similar a la que estamos viviendo hoy.

Es la misma situación. El Gobierno debe establecer la prioridad [para combatir el cambio climático] e invertir de manera masiva en creación de empleos para transformar la economía, y no va a necesitar impuestos ni préstamos para financiar el programa. Sí va a haber recaudación y endeudamiento, pero como reflejo del programa, no cómo fuente de financiamiento. Esto ocurrirá para estabilizar la inflación, lidiar con la inequidad, para abordar el poder corporativo masivo, y para controlar el poder masivo que el 1% más rico de la población tiene.

El tema de la TMM generó mucho interés en nuestros lectores de México y Argentina. Se trata de economías en desarrollo, y una de ellas pasa por un momento crítico. En este momento la administración de Mauricio Macri intenta seguir la receta del FMI sin éxito aparente, a pesar de la austeridad. ¿Existe algún ejemplo en el que un país en vías de desarrollo haya utilizado los principios de la TMM para impulsar su economía?

No hay un ejemplo porque estamos apenas arrancando estas conversaciones económicas. Ya estamos hablando con colegas en México, Argentina, Angola, Túnez… Hay mucha gente buscándonos también en Europa, pero no son todavía personas en las oficinas de los presidentes y los primeros ministros. Usualmente son personas jóvenes que están involucradas en la política, que trabajan con congresistas o senadores, y quieren introducir estas ideas a sus líderes políticos. El primer paso es que la gente piense diferente sobre el desarrollo económico.

¿Pero puede aplicarse en estos países en vías de desarrollo?

Los países en desarrollo no tienen la misma soberanía monetaria que naciones como los EU, o Japón, o Canadá. La soberanía monetaria total requiere que, por un lado, el país emita su propia moneda. Eso es fácil. Algunos países renunciaron a ese derecho, pero bueno, sabes a lo que me refiero.

Segundo, que el país pueda recaudar impuestos de su población en esa moneda. También es fácil. El problema para los países en desarrollo viene con los puntos tres y cuatro. El país no debe tener deuda externa alguna. Es decir, la deuda del gobierno, los bonos de deuda deben estar en la moneda nacional únicamente. La mayoría de los países en desarrollo emiten deuda en dólares, euros, libras, etc. Y por último: no pueden tener un tipo de cambio fijo. Si tienes un tipo de cambio fijo tienes que defenderlo, y eso significa que debes tener reservas en moneda extranjera, y es aquí donde los países se endeudan en dólares para defenderla. Ese es el caso de Argentina y México.

Y por último: no pueden tener un tipo de cambio fijo. Si tienes un tipo de cambio fijo tienes que defenderlo, y eso significa que debes tener reservas en moneda extranjera, y es aquí donde los países se endeudan en dólares para defenderla. Ese es el caso de Argentina y México.

¿Cómo terminan en esta situación?

Hay tres debilidades estructurales de las que sufren los países en vías de desarrollo y que los hacen perder la soberanía monetaria. En primer lugar, la mayoría de estas naciones importan energía, incluso aquellos que son exportadores masivos de petróleo, porque no lo refinan. Al final pierden y se quedan en un ciclo vicioso.

La segunda deficiencia es que importan alimentos, y esto empeoró en las últimas dos décadas. México es un buen ejemplo debido al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Esto provoca un agujero en su déficit comercial. Se trata de una necesidad básica, si no tienes alimentos o tienes inflación alimentaria, pronto tendrás disturbios en las calles. Es lo que está pasando en Venezuela, ha pasado en mi país Túnez, en Egipto. Estas crisis terminan tirando gobiernos.

El tercer problema es un ejemplo más amplio de lo que hablábamos sobre el sector energético, pero en este caso ocurre a lo largo de toda la industria. El FMI dice a estos países que tienen que exportar para salir de la pobreza, e industrializarse para exportar todavía más. Veamos, qué tipo de industria se da en países como estos, pues industria donde hay poco valor agregado. Importan todos los bienes necesarios para armar estos productos, e importan la energía para movilizarlo todo, y agregas un poco de valor mediante mano de obra barata, y entonces lo exportas. Al final del día tienes un balance negativo porque terminas importando contenido de valor agregado alto y exportando cosas con un bajo valor agregado. Agregas estas tres deficiencias y estás atorado. No hay forma de que salgas de ese círculo vicioso.

 El FMI dice a estos países que tienen que exportar para salir de la pobreza, e industrializarse para exportar todavía más. Veamos, qué tipo de industria se da en países como estos, pues industria donde hay poco valor agregado. Al final del día tienes un balance negativo porque terminas importando contenido de valor agregado alto y exportando cosas con un bajo valor agregado. Agregas estas tres deficiencias y estás atorado. No hay forma de que salgas de ese círculo vicioso.

¿Cuál sería la salida de este círculo vicioso en el marco de la TMM?

Que vayas tras las causas de raíz. En términos alimenticios tienes que invertir en agricultura local para impulsar la autosuficiencia alimentaria. En términos energéticos tienes que invertir de manera masiva en transformar al 100% la producción local energética en fuentes renovables y acabar con la importación de combustibles fósiles. Por último, la única forma de mejorar el valor agregado de tus exportaciones y producción en general es invertir en educación, investigación y desarrollo, entrenamiento vocacional.

De este modo el país podrá empezar a atraer y construir industrias que no dependan del trabajo mal pagado. Alemania y Japón no son grandes economías por tener la mano de obra más barata del mundo. Al contrario. La filosofía que vende el FMI y el Banco Mundial y la economía mainstream es que tienes que ser más competitivo. “Competitivo” como eufemismo de hacer tu mano de obra más barata y bajar todavía más tus estándares. No lo dicen así abiertamente, pero es lo que es.

El marco del FMI reduce el espacio de política pública de las naciones y la soberanía monetaria. Como resultado, reduce la soberanía política de las naciones. Es antidemocrático que una institución externa imponga limites económicos a un país y luego los fuerce a operar en ese espacio sin una salida en el largo plazo. Si estás en un hoyo profundo lo primero que tienes que hacer es dejar de cavar.

Es lo que la TMM aboga para el desarrollo económico: detener la obsesión con el crecimiento a través de las exportaciones, detener la obsesión con las industrias de la extracción, porque son de bajo valor agregado, y detener la obsesión con el turismo barato, porque es una trampa. No estoy contra el turismo, sino con el de baja calidad. Hay que atraer turismo de alto nivel y ecológico, que a su vez atrae servicios de alto valor agregado.

¿Existen obstáculos de corte ideológico-partidista para impulsar la TMM?

Esta no es una visión partidista. No es un asunto de la izquierda mexicana o la derecha argentina, esta es una visión nacional, sin importar quién esté en el cargo. Todos tienen que estar en el mismo canal sobre cómo escapar del círculo vicioso. Puedes cambiar partidos y jefes de Estado, pero esta visión de largo plazo no debe de cambiar. Ahora, tenemos que reconocer que hay mucha carga política en esto. Habrá también mucho dinero e influencia que buscarán detener esta estrategia, porque habrá muchos perdedores. Hay mucha gente haciendo mucho dinero gracias al sistema actual, y no quieren que desaparezca.

¿Cómo lucharían contra estos obstáculos?

El objetivo es educar al público y empoderarlo con esta visión. El público fue convencido de que no hay otra forma. Recuerda lo que dijo Margaret Thatcher: No hay otra alternativa. Eso es lo que ha sido programado en las mentes de la clase trabajadora. Cuando los votantes a nivel nacional están convencidos de que la única salida son las exportaciones y la inversión extranjera, y que es la única manera, pues estamos perdidos. La TMM dice que hay otro camino, y tenemos que informarle al pueblo para que respalden a los políticos en la construcción de esta nueva visión a largo plazo para el desarrollo económico.

Esto se tiene que hacer en muchos países en vías de desarrollo al mismo tiempo. Por eso me siento muy apasionado con el esfuerzo que estamos haciendo para conectar a jóvenes académicos y jóvenes especialistas en políticas públicas para desarrollar esta visión. Crear una nueva generación de estrategas. Es una batalla cuesta arriba [ríe].

Fuente
lapoliticaonline
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