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Aritz Recalde: “El desastre del plan económico de CAMBIEMOS es una gran estafa al pueblo argentino”.

Aritz Recalde, Sociólogo, Doctor en Comunicación y docente de la Universidad de Lanús, reflexiona sobre los factores que incidieron en el ascenso de la alianza CAMBIEMOS al gobierno, las severas consecuencias...

En una entrevista con Posición Adelantada, Aritz Recalde, Sociólogo, Doctor en Comunicación y docente de la Universidad de Lanús, reflexiona sobre los factores que incidieron en el ascenso de la alianza CAMBIEMOS al gobierno, las severas consecuencias del modelo económico imperante, los desafíos de la oposición y el escenario político nacional y regional hacia el año 2019.

CACEROLAZO EN LA PLAZA DE MAYO, EL 26/01/2002

– Luego de aquel “que se vayan todos”, los sucesos del 19 y 20 de diciembre del  2001 y el corolario caracterizado por las serias consecuencias económicas y sociales para nuestro país, el contexto permitía pensar que un retorno a las políticas neoliberales era, al menos, impensado. ¿Cuál es su análisis sobre ello?

 

En el año 2015 CAMBIEMOS triunfó en las elecciones presidenciales y en varias provincias que eran controladas hasta ese momento por el peronismo, como fue el caso de Jujuy, Mendoza o Buenos Aires. Si bien en cada distrito o provincia existen particularidades políticas y sociales, se pueden trazar algunos rasgos generales para comprender los resultados.

Por un lado, la situación económica mundial, regional y nacional no era buena en 2015. La caída de los precios de exportación del país, la recesión de Brasil (principal aliado comercial) y el menor crecimiento de China (segundo aliado comercial) indujeron un bajo crecimiento. En el año 2013 se había producido una alta devaluación seguida de inflación, que si bien tendió a estabilizarse hacia el 2015, generó cierto malestar en un sector importante de la población. Este inconveniente fue amplificado por la estructura oligopólica y extranjerizante de los medios de comunicación y por las redes.

El segundo elemento a tener en cuenta en la elección es la pobreza estructural no resuelta. Néstor Kirchner encontró un país quebrado, con la mitad de la población pobre (54%) y con un tercio de los trabajadores desocupados (27%). La recuperación económica y el proceso de sustitución de importaciones generaron casi 5 millones de puestos de trabajo. Pese a eso, sigue sin resolverse la situación de subempleo y marginalidad de millones de compatriotas. En ese marco, el gobierno kirchnerista universalizó la cobertura social con fondos públicos (Asignación Universal, Plan Progresar y masificación de jubilaciones). La decisión fue fundamental y sumamente trascendente en términos históricos. Debido a las dificultades macroeconómicas y políticas los programas sociales dejaron de ser un “piso” de dignidad a mejorar y a superar, para convertirse en un “techo”. En la elección de 2015 el oficialismo no ofreció a los sectores populares un proyecto superador y una esperanza real de mejora de vida. Algunos funcionarios del oficialismo hablaban en campaña de un país idílico, más propio del nivel de consumo de la clase media, que el de las barriadas populares. Éstos últimos legítimamente querían mejorar su vida, conseguir seguridad, una mejor educación, salud o infraestructura para su barrio. El error del votante humilde a Macri no fue su legítimo deseo de querer mejorar, sino suponer que CAMBIEMOS podía garantizarlo.

El tercer elemento es el armado político. CAMBIEMOS es un frente político electoral y un poderoso entramado de poder económico trasnacional. Se subestimó a Mauricio Macri y no se le dio la entidad real que representa: es el principal operador en la región de los intereses de la Embajada norteamericana, del capital financiero y de los CEOS de EUA e Inglaterra. Macri tuvo la virtud de convertirse en el conductor de la oposición al FPV y utilizó en beneficio propio el poder mediático, judicial y económico de los sectores concentrados locales e internacionales.
Por el contrario, desde el año 2011 el FPV se dividió y no consolidó una estrategia de poder coherente para garantizar la sucesión de Cristina Fernández. La muerte de Néstor Kirchner le quitó al espacio un hábil armador político y electoral. En 2013 se intentó crear el “Cristinismo”, que se constituyó con la función de conducir al armado “justicialista” de gobernadores e intendentes y a los aliados iniciales del “kirchnerismo”. El eje del nuevo armado cristinista fueron Unidos y Organizados y las agrupaciones de la juventud de clase media. Los resultados electorales de la nueva estructura política no fueron buenos y se perdieron las elecciones 2013, 2015 y 2017.  En 2015 las divisiones políticas de la provincia de Buenos Aires y la inexistencia de un justicialismo unificado y con agenda propia, facilitaron el ascenso de Vidal y esos votos llevaron a Macri a la presidencia.

El cuarto elemento es cultural. De manera similar al planteo de Perón de La Comunidad Organizada, en la Argentina existe una crisis cultural profunda caracterizada por el individualismo y la falta de sentido de las responsabilidades sociales y públicas de millones de personas. El neoliberalismo es una ideología predominante en un sector importante de la sociedad. Esta ideología se imparte y se reproduce en las instituciones educativas y en los medios de comunicación, construyendo una perspectiva de vida hedonista, consumista e individualista. Muchos argentinos exigen derechos, pero no están dispuestos a reconocer obligaciones para con su comunidad. Este necesario cambio de valores demandará mucho tiempo y eso no se consiguió en una década de gobierno kirchnerista.

De las cuatro variables la que mejor explica la derrota del FPV en 2015 es la incapacidad política de organizar la sucesión presidencial. Lo ocurrido en Argentina no es frecuente en la región y los gobiernos populares que tuvieron la voluntad de triunfar y una conducción decidida a consumar su sucesión, ganaron la elección presidencial como es el caso de Alianza País de Ecuador, el PSUV de Venezuela, el PT de Brasil o el Frente Amplio de Uruguay.  Luego, en cada proceso, se abrieron disputas entre líderes y sectores, pero es innegable que existió una mayor voluntad política en ganar las presidenciales y lograr la sucesión. En 2015 Scioli llegó debilitado a la elección por la acción de sectores del mismo oficialismo.

-En uno de sus artículos planteó que este gobierno es de “descarte social”, ¿cómo se manifiesta?

El “descarte social” es una definición del Papa Francisco y expresa los alcances concretos de la política y de la ideología neoliberal mundial que destruyen la economía real, que le quitan el derecho a trabajar al ser humano y que impiden la vida digna a una parte importante de las familias de los países en desarrollo.

En nuestro país los números hablan por si solos y según un estudio reciente de la UCA el 39, 7% de los menores de 14 años son pobres. Crecen las villas miseria y aumenta la violencia sobre una parte importante de los argentinos “caídos” del país de los CEOS. En nombre de la “racionalidad económica”, se construyen políticas de Estado irracionales que condenan a generaciones enteras al hambre y a la exclusión.

Este modelo descarta al ser humano para garantizar la perversa acumulación de riqueza en pocas manos. En un informe reciente de la UNDAV se destaca que se pagaron $ 5.550 por segundo en concepto de intereses de las LEBACS, solamente en los dos primeros años de CAMBIEMOS. El informe calcula que con esos recursos se podrían haber construido 9.513 escuelas. El esfuerzo y el dolor de los argentinos sirven, solamente, para acrecentar ganancias de los especuladores financieros y de los CEOS extranjeros. El programa de CAMBIEMOS destruye la producción, concentra ganancias, extranjeriza nuestros patrimonio y aumenta inmoralmente la desigualdad social.

– El avasallamiento a los derechos civiles y sociales ha sido desde los primeros días de gobierno de Mauricio Macri una constante ¿Considera que tiene algún tipo de límites? ¿Cuáles podrían ser?

Para poner un límite al neoliberalismo el país requiere de un proyecto de desarrollo nacional. Para poder implementarlo hace falta poder nacional. Se deben fortalecer las organizaciones libres del pueblo que son la base del poder nacional.

Las organizaciones de la producción, el trabajo y la cultura son las estructuras fundamentales del poder nacional. El día que en la Argentina no existan los sindicatos, van a desaparecer gran parte de los derechos civiles y laborales. También será destruida la industria nacional como ocurrió desde 1976: los sindicatos eran la garantía política del modelo de desarrollo industrial. Algunos empresarios no lo comprendieron así y luego de conseguir la clausura del sindicato, el modelo económico de Martínez de Hoz no tuvo oposición y destruyó la economía y la actividad de la PYME local fue remplazada por la de los grupos extranjeros.

Si se debilitan las sociedades de fomento, los clubes, las capillas o los centros culturales, la comunidad no tendrá identidad y el país quedará a merced de los aparatos culturales de la oligarquía trasnacional, que controla los principales contendidos de internet y de la televisión.

El segundo paso es el de construir una herramienta electoral y una estrategia de campaña. En ese marco, si no se rehace el peronismo bonaerense (la provincia alberga casi el 40% de los votos del país) CAMBIEMOS tiene grandes chances de ganar las elecciones presidenciales del 2019. Debería reforzarse el concepto de justicialismo como federación de agrupaciones sindicales, sociales y culturales de base. De esta manera, el partido recuperaría vitalidad y adquiriría una representatividad que está perdiendo hace tiempo.

A nivel nacional sería deseable una oposición unificada por consenso o por intermedio de unas PASO amplias. En mi óptica, el peronismo y el Partido Justicialista podrían ser el centro del armado y luego deberían sumarse a todas las fuerzas en una gran interna. La militancia tiene la obligación de reclamarle este gesto a sus dirigentes. Luego de consumada la elección, el que gana conduce y el que pierde acompaña desde un lugar útil dentro del frente. Para alcanzar esta última condición, hay que consumar una fórmula electoral de distribución de cargos que le de participación a los distintos sectores de las PASO.

 

– La “pobreza cero”, “La luz al final del tunel” anunciados durante la campaña presidencial del 2015 o “el crecimiento del segundo semestre” nunca llegaron y tal vez no lleguen. Las falacias parecen ser una constante en el relato CAMBIEMOS ¿Cómo lo describiría usted?

Este modelo económico ya se aplicó, con altibajos y matices, desde 1976 al 2001. Terminó en la peor crisis de la historia de la Argentina.  La experiencia de CAMBIEMOS no será la excepción.

Ningún país puede desarrollarse en base a la inversión extranjera, sino que debe antes organizar antes el destino de su ahorro e invertirlo en un Proyecto Nacional. El país no va a tener industria si la actividad más rentable es la especulación financiera, como es el caso de las LEBAC y demás instrumentos de especulación actuales. Es inviable la Argentina si no regula la entrada y salida de divisas y de capitales especulativos y si no se organiza un programa de protección industrial de áreas estratégicas.

Argentina requiere un proyecto político, institucional y productivo regional que fortalezca la unidad de Iberoamérica, como paso necesario y previo para ingresar a un mundo en plena guerra comercial. La destrucción del MERCOSUR y de la UNASUR que impulsa Macri es una decisión contraria al vital interés del empresariado nacional y de los trabajadores argentinos y solamente se explica por el mandato de los EUA.

El desastre del plan económico de CAMBIEMOS (recesión, inflación, fuga de capitales y endeudamiento) podría ser conceptuado de “negligencia” o “errores” de algún funcionario, pero en realidad es una gran estafa al pueblo argentino. En nombre de la “libertad de mercado”, están organizando el vaciamiento nacional y una transferencia gigantesca de recursos a los CEOS. La industria argentina desaparecerá o será adquirida por grupos internacionales. El trabajador perderá aun más derechos.

-Teniendo en cuenta el poder político de los medios concentrados, las operaciones de algunos periodistas afines al gobierno de turno y la censura imperante ¿Es este un desafío para las bases políticas opositoras de repensar otras estrategias de comunicación que contribuyan a una deconstrucción de ese escenario? 

La comunicación de CAMBIEMOS se apoya en el inmenso poder del sistema de medios de comunicación  oligopólico y extranjerizante de la Argentina. Macri sancionó el DNU 267/15 y profundizó este rasgo y le dio más poder a un grupo reducido de actores (principalmente Clarín), que ponen en jaque a la democracia. Hoy pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de los periodistas y grupos económicos que ponen a sus representantes y a sus autoridades.

La decisión del gobierno de salir de TELESUR y destruir TELAM forman parte de la estrategia: en su lugar veremos la norteamericana CNN y el Estado importará las noticias de las agencias de las potencias occidentales. Los contenidos de los buscadores de internet y de las redes sociales son direccionados por las corporaciones, principalmente norteamericanas. Están desapareciendo las libertades individuales y un grupo reducido de firmas y factores del poder reúnen toda la información de las personas (ubicación, gustos, orientaciones sexuales, partidarias, etc.-) y la están utilizando comercial y políticamente.

Ese inmenso poder mediático hoy es potenciado por el aparato judicial y por los servicios de inteligencia que construyen el temario y la agenda de la TV, diarios, portales y radios. Con la información reunida montan causas que son publicitadas masivamente y extorsionan a políticos y a sindicalistas.

En este escenario, CAMBIEMOS seguirá teniendo mayor poder de comunicación en TV, portales y radios. La oposición deberá maximizar la tarea de la organización popular para marcar agenda y comunicar su mensaje de cara al 2019. El intento de la oposición de copiar el modelo de comunicación de CAMBIEMOS no le dio resultados a Scioli en 2015 y tampoco a Cristina en 2017.  Posiblemente, antes de comunicar, hay que tener un frente político opositor sólido y saber qué se quiere hacer con el país para enviar un mensaje claro al electorado.

En el mediano y largo plazo, la Argentina e Iberoamérica tienen un serio problema por la forma actual que adquiere la distribución de información en la prensa e internet. Se deben regular los medios de comunicación con la finalidad de garantizar la libertad de expresión, la pluralidad de voces y la identidad nacional. El actual sistema de medios debilita la democracia de partidos. Además, oficia como un ordenador del consumo y el comercio e impide la planificación económica y el desarrollo de la producción nacional.

 

– ¿Cuál es la perspectiva sobre la coyuntura política, económica y social que vislumbra para el 2019, en nuestro país principalmente y a nivel regional?

El 2019 nos encontrará unidos o dominados. La oposición debe ser consciente de esa histórica responsabilidad que encarna.

En la región se consolidaron programas nacionales y populares como es Bolivia o el Uruguay del Frente Amplio. Otras experiencias están en crisis, como ocurre con el sandinismo en Nicaragua y el chavismo en Venezuela. En ambos casos, no se puede aventurar una pronta resolución. El ascenso en México de un gobierno de orientación popular es una buena noticia, pero hay que ver qué ocurre cuando tome el mando del Estado y ver los márgenes de acción que tiene MORENA de López Obrador.

Para la Argentina y Sudamérica en general, el gran interrogante es la elección presidencial en Brasil.  La destrucción del PT es parte de un programa de recomposición del poder norteamericano. El Brasil de Lula estaba consolidándose como potencia sudamericana y apostaba a conformar los BRICS reformulando la geopolítica regional. El frente opositor al PT y al empresariado industrial nacional de ese país tiene poder mediático, judicial y financiero. El golpe institucional contra la ex presidenta Rousseff careció de legitimidad y es de dudosa legalidad. La detención de Lula denota la falta de imparcialidad y el alarmante partidismo judicial que construye causas por mandato de las potencias extranjeras y de la oligarquía brasileña. La estrategia de “lucha contra la corrupción” inaugurada en la causa de Odebrecht, no terminará con la corrupción en el país, sino que culminará con el proyecto de Brasil potencia industrial. Las empresas del país serán adquiridas por CEOS extranjeros y Sudamérica permanecerá definitivamente bajo la egida norteamericana.

 

Por Andrea Rivas

Periodista Posición Adelantada

 

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