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“Sexistimos”: un atleta en silla de ruedas y su novia desnudan su intimidad para hablar de sexo y discapacidad

Enrique Plantey es parapléjico desde los 11 años. También es esquiador alpino profesional, entrena en el Cenard y representó a la Argentina en distintos Juegos Paralímpicos. Quedó en silla de ruedas antes de saber qué era una orgasmo y las posiciones sexuales que veía en el porno lo dejaban siempre afuera. Junto a su pareja, están escribiendo un libro para sacarle el tabú a la sexualidad de las personas con discapacidad

Enrique acomoda su silla de ruedas al lado del banco en el que está sentada su novia, le acaricia el brazo, se pasa el cable del micrófono por adentro de la remera y mira a cámara. Es esquiador Paralímpico, representó a Argentina en los Juegos de Rusia, Corea y lo hará pronto en Pekín y está acostumbrado a dar entrevistas. Sin embargo, en las notas que le hicieron lo miraron siempre por la misma cerradura: el accidente que lo dejó parapléjico cuando era chico, la pérdida en ese mismo instante de su papá y de su hermano, y todos los logros deportivos y premiaciones que vinieron después.

Esta vez, en cambio, Enrique Plantey no está sobre la nieve en soledad sino sobre el césped de Plaza Francia junto a Triana Serfaty Bonilla, su pareja. Triana no es atleta sino enfermera, lo que significa que en un rato deberá volver al sanatorio en el que trabaja para seguir dándole pelea al coronavirus. Están juntos desde hace ocho años y la sexualidad nunca había sido un tema del que hablaran públicamente. Sin embargo, si hoy están acá es porque los dos creyeron que era hora de desnudar algo de su propia intimidad para contribuir a sacarle el tabú que todavía tiene el sexo en las personas con discapacidad.

Es esquiador Paralímpico, representó a Argentina en los Juegos de Rusia, Corea y lo hará pronto en Pekín.  Es esquiador Paralímpico, representó a Argentina en los Juegos de Rusia, Corea y lo hará pronto en Pekín.

Triana es española y estudió en una escuela del Opus Dei antes de emigrar a la Argentina. La ironía la hace sonrojar: cuenta que su mamá no le permitía decir ni siquiera la palabra “culo” y ahora está hablando públicamente de su sexualidad y escribiendo junto a Enrique -y con el asesoramiento de una sexóloga- un libro sobre sexo y discapacidad llamado “Sexistimos”.

¿Por qué eligieron ese nombre? “Porque unimos ‘sexo’ con ‘existimos’, con esa parte tabú que esconde un poco a la discapacidad, como si no pudieran tener relaciones sexuales. Existen, sexistimos”, explica ella a Infobae. La silla desde la que Enrique la mira no es una silla de ruedas común sino que tiene un complemento metálico que la convierte en un triciclo, un proyecto diseñado por él en sociedad con un amigo.

La silla de ruedas que usa tiene un complemento metálico que la convierte en un triciclo (Maximiliano Luna)La silla de ruedas que usa tiene un complemento metálico que la convierte en un triciclo (Maximiliano Luna)

El porno, mi escuela

Enrique coloca el primer eslabón de la historia un año antes del accidente, cuando él era un nene de 10 años y jugaba al rugby en Neuquén, su provincia de origen. Alguien del club había quedado en silla de ruedas y al pequeño Enrique la noticia lo shockeó: “A esa edad la vida pasa por las piernas. Por lo menos mi vida, a los 10 años, era jugar al fútbol, al rugby, correr, salir a jugar al baldío, subir montañas. Y la verdad es que no me imaginaba una vida sin poder caminar”.

El 24 de febrero de 1995, Enrique viajaba con su familia por la Ruta 22 desde Neuquén hacia Loncopué, donde vivían. “Frenamos en la banquina porque nos encontramos con unos amigos. En ese momento, mientras estábamos charlando, pasó una camioneta, se le levantó el capot y bueno, el chofer perdió el control y nos pisó. En el accidente mi papá y mi hermano fallecieron, a mí me pegó en la espalda y me dejó una lesión medular. Lo que tengo es una paraplejia a la altura del ombligo. Es decir que, desde el ombligo para abajo, no puedo mover nada y tampoco tengo sensibilidad”, cuenta él.

"Me enamoré de Enri muy rápido", dice Triana. “Me enamoré de Enri muy rápido”, dice Triana.

Enrique tenía 11 años y pasó internado los siguientes cinco meses. Fue durante la internación que un médico entró a su habitación, le pidió a su mamá que los dejara a solas y le habló de cómo iba a ser sexualidad, de hombre a hombre. “Imaginate que yo era chico, no tenía ningún apetito sexual todavía, pero lo que recuerdo es la sentencia. Alguien que te dice ’mirá, tus relaciones sexuales van a ser de esta forma, esto, esto y esto no lo vas a poder hacer, casi escribiéndolo en una receta. Es un gran médico pero qué equivocado estaba…”, sigue él, que ahora tiene 37 años.

Enrique no entendió nada en ese momento y su educación sexual durante la adolescencia fue junto a sus amigos, mirando porno. “Yo iba creciendo a la par de mis amigos, que no tienen discapacidad. Nos escondíamos para ver alguna película pornográfica o estábamos toda la noche esperando que alguna chica se desnudara en la tele. Ese era nuestro aprendizaje. Cuando arrancó la parte de la masturbación, fue difícil. Al no tener sensibilidad, me costaba darme cuenta qué era un orgasmo, o si todo tenía que pasar por las sensaciones del pene. Además, yo estaba un poco en desventaja: no tenía la facultad de mover las piernas por lo cual, cuando empezara a tener relaciones me iba a quedar afuera de las posiciones sexuales”.

Como esquiador profesional, Enrique conoce las pistas más importantes del mundo, a las que suele viajar con Triana. Como esquiador profesional, Enrique conoce las pistas más importantes del mundo, a las que suele viajar con Triana.

Lo que Enrique veía en el porno no era sólo un estándar de tamaños de genitales y un modelo de erecciones a sostener sino que, en las posiciones sexuales más frecuentes, los hombres estaban parados y bombeando activamente, o en cuatro patas, todos movimientos que él no iba a poder hacer.

“Creo que con el tiempo fui madurando un montón pero al principio sólo me preocupaba cómo mantener una erección y tener un rendimiento acorde a lo que me había enseñado el porno. Imagino que lo mismo le debe pasar a cualquier chico sin discapacidad cuando ve los tamaños de los actores. Además, creo que los hombres siempre terminábamos hablando de cosas que no eran muy reales: el que acababa cinco veces, la mujer que te hizo tal cosa espectacular. Siempre me hizo un poco de ruido toda esta mala información que nos pasamos entre nosotros”.

Su personalidad le allanó el camino. Enrique nunca vio la silla de ruedas como un grillete sino como “una aliada, un medio de transporte que me permite hacer de todo”. Todo es haberse despedido del fútbol y del rugby para enamorarse del esquí adaptado en el Cerro Chapelco, entrenar en el Cenard, en casa, en el gimnasio, en la nieve, conocer las mejores pistas del mundo, competir en dos Paralimpíadas, tener sponsors que confían, más que en sus resultados, en su espíritu“Realmente, las cosas que hice arriba de la silla no las cambio por tener las piernas”, cuenta Enrique.

La pareja está probando con el sexo tántrico.La pareja está probando con el sexo tántrico.

De ese Enrique se enamoró Triana cuando tenía 19 años, a poco de haber llegado a la Argentina. “Yo venía de Marbella, no había un visto un chico en silla antes en mi entorno, no tenía ninguna relación con la discapacidad. La verdad es que conocí a un Enri que ya estaba muy hecho, sin complejos ni nada. Me enamoré muy rápido”, sonríe, y él vuelve a acariciarle las manos. “En el plano sexual no me hice tantos planteos, éramos dos personas que se estaban conociendo e iban probando cosas”. A diferencia de Enrique, Triana casi no había mirado porno y tenía, por lo tanto, menos condicionamientos.

Sin embargo, de afuera, las preguntas eran repetidas: “Que cómo lo hacemos, que si él puede hacerlo. Esa es la pregunta clave cada vez que le digo a alguien que mi pareja es un hombre en silla. Si puede hacerlo y si se le para. Yo contesto con naturalidad pero claro, la gente no está preparada a veces para entender que en la sexualidad no todo pasa todo por si se para o no se para. Cuando tengo ganas y tiempo les hablo del paraorgasmo”, sigue ella. Y habla de un concepto que aprendieron junto a Bárbara García, la médica ginecóloga y sexóloga que los acompaña en la escritura del libro.

“Se trata de separar la genitalidad del orgasmo. Podemos estimular una zona erógena, como los pezones y llegar a un orgasmo. Porque el orgasmo no está en los genitales sino en la cabeza. Entonces, si bien la eyaculación se estimula genitalmente, el orgasmo puede ir por separado”.

Después, de regreso al departamento en el que viven, ambos despliegan sobre la cama algunos de sus juguetes sexuales que no todas las personas con una discapacidad como la de él conocen. Un vibrador que se apoya sobre la cabeza del pene y permite que la eyaculación pueda salir. También tienen una silla diseñada por un argentino que se mueve imitando el bombeo, por lo que si Enrique se sienta y Triana se acuesta o arrodilla adelante, la silla suplanta la palanca que Enrique haría con las piernas.

En su departamento Enrique y Triana tienen juguetes sexuales que mejoran la calidad de su sexualidad y elementos, como una silla que hace la palanca que harían las piernas (Maximiliano Luna)En su departamento Enrique y Triana tienen juguetes sexuales que mejoran la calidad de su sexualidad y elementos, como una silla que hace la palanca que harían las piernas (Maximiliano Luna)

Sexistimos

Fue la quietud de la cuarentena lo que los impulsó a poner en marcha un proyecto de libro en el que venían pensando.

“En mi caso, el motor para escribir un libro sobre sexualidad y discapacidad es que a mí me costó horrores encontrar información que me tirara la posta. Alguien que me dijera ’mirá Enri, no maquines por este lado, todas las personas flashean que tienen que tener una erección de dos horas o un rendimiento determinado, también las personas sin discapacidad’. A mí me hubiera encantado tener, a los 11 años, en vez de esa sentencia, un libro que me dijera ’vos no tenés sensibilidad acá, bueno, tratá de sensibilizarte otras partes erógenas, la cabeza sigue estando apta para las fantasías sexuales. O tratá de hablar mucho con la persona, o hacete una previa larga, o fijate de qué va el sexo tántrico. Hay un montón de aparatos y juegos sexuales en los que te podés meter, investigar”.

Al haber quedado parapléjico antes de haber empezado a masturbarse o de haber tenido relaciones sexuales, el orgasmo era para Enrique un misterio. “No sabía cómo se sentía. Al perder la sensibilidad no sabés bien por dónde va entonces tenés que redescubrirte buscando sensaciones nuevas”. De ahí la importancia de remarcar en el libro que la sexualidad nace en en el cerebro.

“Yo lo entendí cuando la sexóloga me habló de los famosos sueños húmedos, donde no tenés ninguna estimulación exterior y podés llegar a tener un orgasmo durmiendo, sin ningún tipo de frote ni de nada”, explica Enrique. Es que, cuando se corre el eje de la genitalidad, pueden aparecer otras sensaciones. “El orgasmo arranca en el cerebro y tenemos el poder de terminarlo donde nos guste: en la oreja, en el cuello, en los pezones o en la espalda. Son lugares que uno puede estimular para producir sensaciones copadas”.

Enrique tuvo la lesión medular a los 11 años, por lo que no sabía cómo se sentía un orgasmo (Maximiliano Luna)Enrique tuvo la lesión medular a los 11 años, por lo que no sabía cómo se sentía un orgasmo (Maximiliano Luna)

De dejar de creer que la única manera de tener sexo es la fórmula “chupar-penetrar-acabar” habla el sexo tántrico, un mundo en el que Enrique y Triana también están incursionando. A veces ponen velas, ambientan su espacio con luces y música, trabajan la conexión entre ellos a través de la respiración y se dan el tiempo para no tener sexo únicamente a través de los genitales.

El libro -que saldrá el año que viene- apunta a contar su recorrido sexual como pareja -desde el desembarco en el sexo tántrico hasta los juguetes que les sirvieron- y motivar a trabajar la comunicación. Va a tener, también, testimonios de otras parejas y personas solteras con discapacidades distintas a la de Enrique que ayudarán a pensar cómo comunicar lo que a uno le gusta cuando se tienen relaciones esporádicas. También tendrá el aporte profesional de la sexóloga y un apartado donde recomendarán juguetes y juegos sexuales.

Juntos decidieron abrir su intimidad para sacarle el tabú al tema (Maximiliano Luna)Juntos decidieron abrir su intimidad para sacarle el tabú al tema (Maximiliano Luna)

Las historias -salvo la de ellos, son todas anónimas- tienen como fin incluir a otras personas que tal vez tienen más complejos con su discapacidad para que puedan contar cómo se masturban, qué les sirvió y que no, si han llegado alguna vez a un orgasmo. La idea, a la larga, es contribuir a sacarle un poco el tabú al tema.

“Es complicado hablar de algo que te falta o de cosas que uno cree que no está cumpliendo como debería. Más para nosotros, los hombres, que aprendimos que tenemos que satisfacer a las mujeres como nos enseñó el porno y en nuestras charlas siempre parecemos súper hombres, porque nadie se baja del caballo. Yo creo que el tabú lo vamos armando nosotros callando los miedos, las dudas”, se despide Enrique. “Por eso, por más que me es incómodo hablar de cosas tan íntimas, me parece muy nutritivo para todas las personas a las que les toque, en algún momento, vivir con una discapacidad”.

Fuente
infobae
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